Los niños que se "esconden" del dinero.
Argentina pone en marcha un plan para localizar a los menores a los que les correspondería una ayuda universal, pero que viven tan alejados del Estado que no la reciben.
En el Chaco salteño la pobreza es tal que algunos de sus habitantes ni siquiera saben usar el dinero. Desperdigadas por sus 25.000 kilómetros cuadrados —algo más grande que la Comunidad Valenciana— viven 35.000 personas —menos que en Denia— de 13 etnias. La mayoría son indígenas wichí, que han visto cómo a lo largo de los años el ecosistema en el que cazaban y recolectaban iba siendo devorado por los cultivos intensivos. Sin ocupación ni forma de ganarse la vida, muchas familias subsisten únicamente con las ayudas del Gobierno argentino, pero en ocasiones residen en zonas tan aisladas que ni estas les llegan.
Un grupo de trabajadores de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), junto a Unicef, el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas y el Ministerio de Primera Infancia de la provincia de Salta,ha ido a la zona para acercarles una burocracia a la que ellos no llegarían por sus propios medios. Acuden para regularizar, prorrogar u otorgar distintos subsidios que el Gobierno concede, ya sea la pensión, becas de estudios o la Asignación Universal por Hijo (AUH), un salario de unos 1.500 pesos (unos 60 euros) por niño que se otorga a las familias más desfavorecidas a cambio de que justifiquen que cursan sus estudios y están al día en revisiones médicas y vacunas. La misión incluye buscar a aquellos que ni siquiera la reciben, a menudo porque sus padres desconocen su existencia, no la comprenden del todo o no saben desenvolverse con el papeleo.
"La Asignación Universal por Hijo (AUH), es un salario de unos 1.500 pesos (unos 60 euros) por niño que se otorga a las familias más desfavorecidas."
"No son subsidios, sino derechos. Los indígenas wichís tenían su supermercado en el monte y hemos terminado con él, así que tuvieron que cambiar su economía."
La AUH“ha tenido mucho éxito en sacar a los menores de la pobreza extrema”, según explica Sebastián Waisgrais, del área de monitoreo e inclusión social de Unicef, que es socio del Estado en este plan. Lo que es más complicado es sacarlos de todo tipo de pobreza e incorporarlos a la clase media. Y se da la paradoja de que cuanto más excluidas están las personas, más difícil es que les lleguen las ayudas.
Que en pleno S.XXI sigan sucediendo tales injusticias me hace plantearme los grandes alcances que llega a tener el ser humano y es bastante escalofriante.
Partiendo de la base de que todo ser humano tiene derecho a una vida digna, y desgraciadamente en muchos casos no es así, ya solo faltaba que nos aprovechemos aún más de estas situaciones en la que se encuentran envueltas tantas y tantas personas para sacar un poco más de beneficio propio y egoísta.
Se me agotan las palabras y me produce verdadero bochorno en ocasiones saber que pertenezco a la misma especie que personas que obtienen beneficios de esto simplemente lo permiten.¿A esto le llamamos progreso?...
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