La criticoooona.

El Supremo establece como agravante en violencia machista que un niño perciba la agresión aunque no la vea.

Un agresor por violencia machista podrá ser condenado con el agravante “en presencia de menores” aunque los niños no hayan visto directamente la agresión. Así lo ha establecido el pleno de la Sala II del Tribunal Supremo en una sentencia en la que recuerda que en muchos casos los menores no se hallan dentro de la habitación de sus padres o de las personas que protagonizan las escenas violentas, “pero escuchan y son plenamente conscientes de lo que está sucediendo, percatándose tanto de las expresiones verbales que contienen un componente agresivo o violento, como del ruido que es propio de un golpe o de otra agresión”.
Fuente: Google.


Considero que no es necesario mencionar que estoy completamente de acuerdo con que sea un buen agravante el hecho de que un menor sea consciente, sea de la manera que sea, del maltrato que suceda en el mismo hogar donde viva el menor.
Me gustaría poner un claro ejemplo que muestra las secuelas que puede llegar a sufrir ese menor; si los padres de ese niño son fumadores y fuman en el hogar familiar, ese niño se convierte en fumador pasivo, incluso si no fuman en presencia física de él, el humo permanece y el niño lo inhala involuntariamente. Entonces por la misma razón el niño que es consciente de ese maltrato, se convierte en maltratado inmediatamente, ya que aunque no lo creamos ese niño es más consciente de lo que ocurre a su alrededor de lo que creemos.
El menor no tiene porqué presenciar personalmente la situación de abuso, basta con que lo perciba, independientemente del medio sensorial de donde provenga. Esa pareja puede llegar a pensar que como los niños no ven literalmente lo que está sucediendo, no son conscientes, pero no es así. Simplemente algún ruido que se produzca mediante la agresión, o incluso los gritos, los insultos, posibles moratones que más tarde son visibles... de todo esto son percatados sin necesidad de que nadie les cuente nada y esto no es lo peor, lo peor es que esos niños se convierten en víctimas ya que pueden sentir temor, miedo, incertidumbre, nerviosismo... Ellos saben que algo no va bien y a pesar de su corta edad no pasan desapercibidos ante la situación.

Vivenciar la angustia de la madre maltratada, su temor, inseguridad, tristeza, les produce una elevada inseguridad y confusión. Esa angustia se traduce en numerosos trastornos físicos, terrores nocturnos, alteraciones del sueño, cansancio, problemas alimentarios, ansiedad, estrés, depresión, etc. Los niños no son víctimas sólo porque sean testigos de la violencia entre sus padres sino porque “viven en la violencia”. Son víctimas de la violencia psicológica, a veces también física, y que crecen creyendo que la violencia es una pauta de relación normal entre adultos. Pero lo peor, al estar en fase de crecimiento y desarrollo madurativo, conforman su personalidad en función de la violencia y la toman como modelo, interiorizando los roles de maltratador o maltratada. Interiorizan patrones de comportamiento violentos y no discriminan lo que es adecuado o está bien, de lo que es injustificable.

En resumen, las consecuencias de la violencia familiar para estos niños son gravísimas, tanto a corto, como a largo plazo. De hecho, los trastornos y problemas psicológicos y sociales que presentan estos niños son similares a los que presentan sus madres como víctimas de violencia de género. Es decir, los niños en esta situación, insisto, también están siendo agredidos.

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